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LOTERÍAS EL ABUELO SANTIAGO

La Administración número 9 de la Moraleja tiene más de 30 años de historia. Sin embargo, a finales de 2020 y, en plena pandemia, fue adquirida por los nietos de Santiago con el objetivo de convertirla en un punto de venta con la misma suerte de la que gozaba su abuelo.  

Pero… vamos a rebobinar. ¿Quién es Santiago se preguntará el lector?  

El verano de 1975 fue especialmente cálido en la madrileña localidad de Boadilla del Monte. A pesar de ello, la semana anterior al sorteo del sábado 9 de agosto, Santiago fue a comprar unos décimos de lotería a Madrid, como acostumbraba a hacer. Escuchar el sorteo de los sábados por la radio era una de sus grandes aficiones.  

Santiago repartió los décimos entre algunos vecinos y, en esta ocasión, regaló otros tantos a sus hijos porque ‘tenía un pálpito’. Una de esas corazonadas bien conocidas por los aficionados a la lotería, le decía que su embarazadísima hija iba a darle suerte ese día.   

     -Toma hija, uno para ti que Patri va a dar buena suerte –le dijo sonriendo mientras le acercaba un décimo.  

     -¡Pero padre, si luego no toca! Respondió Teresa cogiendo el papelito.  

     -¡Qué sí! ¡Y tengo otros dos para tus hermanos!   

A las doce de la mañana comenzó el sorteo de la Lotería Nacional, cuyo primer premio se vendió en Madrid (y en Boadilla del Monte). El 33.681 estaba agraciado con 6.000.000 pesetas al billete. Santiago y su ‘pálpito’ repartieron alegría entre sus vecinos y como no, entre su familia.   

Desde entonces, Santiago comenzó a ser conocido no sólo por su bondad natural -característica que todos reconocían- sino también y, sobre todo, por su buena suerte en el juego. Se convirtió así en el lotero oficial de Boadilla de Monte, haciendo de su pasión una labor semiprofesional. Llegó a dar el Gordo en otra ocasión y siempre repartía 'algún pellizquito'.   

Sus nietos quieren rendirle tributo porque, junto a él, aprendieron a disfrutar de los sorteos en directo que se narraban por la radio. Juan Luis y Patricia aprendieron a hacer la ruta por el pueblo con su abuelo y, hasta le ayudaban a hacer las participaciones con esmero porque, “era algo muy serio que había que hacer muy bien”.  

No somos loteros de cuna, pero sí de corazón y nuestro deseo es continuar con la generosa tradición iniciada por nuestro abuelo… que consistía en la nada desdeñable habilidad de llevar ilusión cada semana a las vidas de los suyos.